Carta de una mujer infértil a su amiga…

Por desgracia, somos muchas personas las que, a lo largo de nuestra lucha contra la Infertilidad, perdemos a una gran amiga por el camino.

Querida amiga,

Tengo tantas cosas que explicarte que no sé por dónde empezar.

Bueno, empezaré por el principio: TE QUIERO.

Sé que últimamente no lo parece. Sé que te estoy haciendo daño con mi actitud, pero no olvides nunca que te quiero.

Cuando la Infertilidad llegó a mi vida no imaginé que me dejaría como me ha dejado. Nunca pensé que me llevaría al pozo negro y profundo al que me ha arrastrado.

Pero aquí estoy…

Siempre pensé que si una persona no podía tener hijos era tan fácil como ir a una clínica de Reproducción Asistida y salir de allí embarazada y con el carrito gemelar, ¡inocente!

Cuando comprobé en primera persona que eso no era así fue un jarro de agua fría. De agua muy fría.

Sé que sabes lo que es desear tener un  hijo  porque lo has deseado.

Sé que sabes lo que es amarle con locura aún antes de que llegue a tu vientre.

También sé que sabes lo que es imaginar cómo será su carita, el placer que te dará tocarle sus dedos rechonchos, la felicidad que supondrá verle sonreír.

Cuando todos los poros de tu piel te piden ser madre, cuando tu cuerpo siente que está preparando para ser mamá, para gestar una vida, y el destino te tiene preparada la mala jugarreta de impedírtelo, algo dentro de tu alma se rompe.

Lo he vivido y aún así, no sé si soy capaz de trasmitirte ese dolor, así es que entiendo que no sepas/puedas comprender lo que te digo.

Entiendo que, aunque no quieres, te duele que no esté a tu lado tanto como te gustaría.

Entiendo que te moleste que no te pregunte cómo estás, cómo va tu embarazo, cómo vas a llamar a tu pequeño.

Lo entiendo. Tiene que ser muy duro sentir  que tu mejor amiga no está contigo en el que seguramente es el mejor momento de tu vida.

Entiendo que te resulte incomprensible que no esté a tu lado, acompañándote de esa felicidad.

Y entiendo que te enfades cuando en un arranque de fuerza y valor te confieso que me dueles. Que el corazón me estalla cuando miro tu vientre abultado para tocar después el mío, vacío y muerto.

Algunos lo llamarán envidia y no lo entenderán. Quizá tú eres uno de ellos.

Envidia, según la RAE, la envida es el deseo de algo que no se posee, así es que sí, puedo decir que siento envidia.

También siento rabia. Rabia porque no dejo de preguntarme: y yo, ¿por qué no?

Siento una pena profunda.

Pena por ese bebé que no se decide a venir y que me hace sentir que no vendrá nunca.

Siento pena porque mi vida se ha parado, y, aunque intento vivir, sólo consigo sobrevivir.

Pena porque sé que te estoy perdiendo.

Sé que difícilmente podrás superar que te haya abandonado, aunque sé que lo intentarás por todos los medios.

A veces me enfado imaginando ese momento en el que tenga que decirte adiós porque quieras bajar definitivamente de este autobús que es mi vida. Me enfado porque siento que estarás siendo injusta conmigo.

Ojalá me equivoque.

Espero puedas perdonar y olvidar.

Ojalá consigas volver a confiar en mí.

Ojalá quieras volver a ser parte de mí.

Por mi parte te digo que seré capaz de olvidar y podré perdonar.

Olvidaré y perdonaré que no supiste cuidarme como yo necesitaba.

Olvidaré y perdonaré que no pudiste estar conmigo porque necesitabas estar contigo.

¿Qué cómo lo sé? porque lo sé.

También sé que me costará. Quizá tenga que alejarme un poco para poder respirar y aceptar que seguramente contigo ya nada es igual. Qué no querrás que nada sea igual.

Pero lo conseguiré.

Sólo te pido que tú también lo intentes. Qué lo intentes con todas tus fuerzas y que si éstas se agotan, encuentres la manera de sacar más fuerza para luchar un poquito más por nosotras.

 Me recuperaré. Volveré a ser yo. Volveré a vivir. Y nada me gustaría más que seguir viviendo mi vida a tu lado.

Querida amiga, te quiero. Eres parte de mí. Espero volver a ser parte de ti algún día.

Helena.