Hiperestimulación ovárica. Cada vez que escucho esa palabra me vienen a la cabeza tantos recuerdos…

En este post quiero contarte mi experiencia. Lo que me pasó a mí. Lo que viví y sufrí el día que me dijeron que tenía una hiperestimulación ovárica grave. ¡Espero que te sirva! 

(Tengo que decirte que voy a escribir mi historia en varias partes. Mi intención era hacerlo en un único artículo, pero me ha salido tan largo que no quiero aburrirte)

En primer lugar, me gustaría explicarte lo que es la hiperestimulación ovárica.

Cuando nos sometemos a los tratamientos de reproducción asistida, los medicamentos que nos inyectamos estimulan nuestros ovarios para conseguir que estos trabajen más y poder conseguir un mayor número de óvulos. En un ciclo sin medicación, una mujer genera normalmente un sólo óvulo. Con la medicación del tratamiento de reproducción asistida generamos muchos más. (En mi caso, 18-16 y 8 en cada uno de mis tratamientos).

hiperestimulacion ovarica

Si estos medicamentos estimulan demasiado los ovarios, estos pueden resultar muy hinchados. El líquido puede escaparse a la zona del vientre y del pecho. Esto se denomina síndrome de hiperestimulación ovárica (SHO). Este síndrome ocurre después de que los óvulos son liberados del ovario (ovulación).

Y ahora  sí, comienzo con mi historia. Ya te he dicho que va a ser una historia larga. No quiero dejarme ningún momento, ninguna sensación, ningún miedo. 

El 16 de diciembre de 2013 me hicieron  transferencia de dos embriones. Dani y yo estábamos agotados después de cuatro años y pico luchando. Habíamos decidido que ese sería nuestro último tratamiento de reproducción asistida. Después de la transferencia nos fuimos de vacaciones a Madrid. No queríamos pensar. Queríamos disfrutar. Sabíamos que teníamos muy, muy pocas posibilidades de que me quedara embarazada (ya nos avisaron los médicos. No lo teníamos fácil)  

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La beta era el día 2 de Enero, así es que compramos nuestro billete de avión de vuelta a casa para el día 1. ¡¡¡Apurando hasta el final!!!

La última semana en Madrid fue bastante dura. Yo estaba cansada, me costaba andar, respirar, tenía muchas molestias, la barriga muy hinchada…

Sabía que todo se debía a una hiperestimulación ovárica. No era la primera vez. ¡Lo que nunca pensé es lo que estaba a punto de vivir!

El día 2 de Enero fuimos al hospital. Me hicieron la analítica y con los nervios a flor de piel nos fuimos a desayunar mientras esperábamos resultados.

Fuimos a buscar el sobre. Yo tenía claro que era negativo. Es verdad que una pequeña ilusión guardas dentro de ti, pero lo veía muy negro.

embarazo reproducción asistidaLa enfermera lo abrió, nos miró y dijo: POSITIVO.

POSITIVO…tardé unos segundos, o décimas de segundo, no sé, en asimilarlo. Ella sonreía, Dani lloraba y entonces yo me dí cuenta. POSITIVO.

Lloramos como magdalenas los tres. La enfermera también, llevaba mucho vivido con nosotros…

Nos fuimos a casa en una nube. Mis molestias seguían pero yo era feliz.

Esa misma tarde comenzaron unos ardores terribles. La garganta era puro fuego. La hinchazón de mi cuerpo iba a más y tenía un malestar enorme. Me fui a pasear porque necesitaba bajar esa sensación de pesadez. (Mal hecho)

Llegó la noche y nos fuimos a dormir. A media noche desperté con unos dolores insoportables. Me levanté al baño porque el cuerpo me pedía vomitar. Al agacharme en la taza del WC un dolor indescriptible me atravesó el abdomen. No llegué a perder el conocimiento pero la visión se me nubló y el cuerpo comenzó a temblar. Soy una persona que aguanto mucho el dolor pero aquello era insoportablemente doloroso.

Pensé que estaba sufriendo un aborto. Otra vez…No imaginé que todo eso era por la hiperestimulación ovárica.

Desperté a Dani gritando por el dolor y nos fuimos al médico.

Allí nos aliviaron mucho cuando nos dijeron que nuestra lentejita seguía bien y nos informaron del motivo de tanto dolor. Hiperestimulación ovárica moderada.

Me recomendaron mucho reposo, paracetamol para el dolor (que no tomé) y que en caso de seguir con esos dolores o que estos aumentaran volviera.

Esa noche dormí como pude. Pasé toda la mañana en casa, en la cama pero el dolor no se iba. Más bien todo lo contrario.

Por la tarde decidimos volver a urgencias. En la sala de espera comenzó a faltarme el aire. La presión que sentía en el pecho al llevar tanto rato sentada mientras esperábamos me estaba asfixiando.

Pasamos varias horas en urgencias y cuando por fin vino el ginecólogo y me hizo una ecografía confirmó que la hiperestimulación ovárica iba a más y que tenía que quedar ingresada.

No quería, no quería…No quería quedar ingresada, no quería medicación, me daba pánico hasta tomar un simple paracetamol. Nuestro pequeño estaba ahí, ya había sufrido dos abortos, no quería pasar otra vez por eso. (El paracetamol es compatible con el embarazo pero yo estaba en estado de pánico y tenía miedo hasta de respirar por si nuestro pequeño decidía irse también).

Me subieron a planta. La misma planta en la que las mujeres (y hombres) están felices. La misma planta en la que esas mujeres y esos hombres disfrutan de las primeras horas de vida de sus hijos. Ya lo sabía. Era la misma planta en la que había estado ingresada para decir adiós a nuestras estrellitas.

Y yo estaba allí…

Pincha aquí para leer la segunda parte.

Pincha aquí para leer el final de mi historia.

Helena.

Presidenta asociación Red Nacional de Infértiles.

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La asociación Red Nacional de Infértiles se creó para dar apoyo a todas las personas que están en estos momentos luchando por tener un bebé. Cuando la palabra infertilidad se cruza en tu vida todo tu mundo se paraliza. Comienza una etapa de stand by en la que se necesita una mano que te sujete, unos brazos que te reconforten.

Además, nuestro objetivo es darle voz a la infertilidad. Que se conozca la enfermedad, lo que es, lo que se vive, lo que se sufre.

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