La infertilidad nos hace vivir momentos y emociones duros. Muy duros. A veces es difícil describir los sentimientos que nos invaden.

Pero si además de sufrir infertilidad tienes que luchar contra el maldito cáncer, creo que no soy capaz ni de imaginar lo que tiene que ser. 

Esta es la historia de Andra y su marido. Ellos están luchando por ser papás, pero además, él está enfermo. Tiene cáncer… Esta es su historia:

Buenas tardes, os escribo desde el corazón porque estoy hundida, cansada  y me siento totalmente incomprendida.

Os escribo para contaros mi historia, que aunque sea un poco peculiar no se diferencia mucho a la de miles de mujeres que estamos pasando por el caos en el que está sometido el mundo de la infertilidad.

Somos un matrimonio de Barcelona. A mi marido, bastante mayor que yo, justo después de casarnos hace ya cuatro años, le detectaron por pura casualidad un cáncer de páncreas.

Mi mundo se vino abajo. Habíamos pasado unos años muy duros en los que económicamente nos hundimos “gracias” a la famosa crisis. ¡Parece que va a ser verdad que todos los males vienen juntos!

Habíamos pasado años, sí, años en los que había pensado de todo menos en la maternidad, pero llegado este duro momento y a las puertas de empezar un tratamiento de quimioterapia que a él le dejaría esteril…decidimos actuar rápido y mediante una biopsia testicular conseguimos congelar semen de buena calidad para poder cumplir nuestro sueño en un futuro cercano. Cercano pensaba yo, ¡qué ingenua!

Al empezar la quimio y pasado un año más, gracias a Dios su salud se estabilizó y fue entonces cuando decidimos apuntarnos a la lista de espera de la Seguridad Social. Pasar por un tratamiento de reproducción asistida privado quedaba descartado por nuestra economía, por lo que pusimos toda nuestra confianza en el sistema sanitario.

Después de pasar por los típicos controles, tener el volante y  presentarlo en el hospital, recibimos una carta en la que nos informan que no tenemos derecho  a un tratamiento ya que ¡¡la edad de mi marido superaba la establecida por ley!! Dios mio, ¿de verdad nos tenia que pasar esto también?

Indignada y dolida porque se me quitaba mi derecho a ser madre por esa simple burocracia decidí escribir una carta al hospital y explicar de nuevo la situación. Algún alma caritativa debió leerla porque pasado un tiempo nos contestaron diciendo que nos citarían para una primera visita y poder entrar así en la lista de espera. La ilusión que sentimos en esos momentos era indescriptible, por fin una buena noticia, ¡por fin nos harían el tratamiento!

Todo eso se desmoronó al acudir a consulta. Nos informaron de que la lista de espera era de cuatro años. Sí, sí, ¡cuatro años! Pero por favor, ¿no se dan cuenta que estamos luchando contra un cáncer? Su respuesta: “eres joven hay casos mucho mas urgentes”

Necesito ser madre AHORA. Lo deseamos. Queremos cumplir este sueño ahora mientras podamos disfrutarlo juntos. No quiero ser madre soltera y explicarle a mi hijo que no pudo conocer a su papá por culpa de un sistema sanitario que ha perdido el factor humano.

Pasados dos años se nos presentó una oportunidad. Nos ayudaron económicamente con un préstamo para poder hacernos así un tratamiento por privado. Habían pasado dos años y nos quedaban otros dos para que llegara nuestro turno en la Seguridad Social. Vaya subidón, vaya mezcla de sentimientos que crecían dentro de mi. Seguro que las que estáis leyendo esto me entendéis: miedo, alegría, ilusión…por fin había llegado nuestra oportunidad.

Y entonces, una recaída del puñetero cáncer, metástasis en hígado…

Lágrimas, muchas lágrimas, pero mi marido es un luchador  y después de pensarlo brevemente no íbamos a dejar que esto nos quitara la ilusión; ¡estábamos a las puertas de la deseada FIV!

Desgraciadamente el tratamiento no dio resultado positivo y aquí estamos; pagando una cuota que no hace mas que retorcer el cuchillo en la herida cada mes.

¿Mala suerte? Sí, mía y de miles de mujeres que por culpa  de la situación económica no pueden cumplir algo tan natural como ser madre en una sociedad en la que la infertilidad sigue siendo un tema tabú.