Cosméticos, productos de higiene, envases, plásticos, productos de limpieza o artículos relacionados con la alimentación forman parte de nuestra rutina. Los usamos de manera habitual y, en la mayoría de los casos, sin preguntarnos qué sustancias contienen. Sin embargo, algunos de estos productos pueden incluir compuestos capaces de interferir con nuestro sistema hormonal: son los llamados disruptores endocrinos.
En los últimos años, el interés por estas sustancias ha aumentado también entre las personas preocupadas por su fertilidad. Y es comprensible. Cuando una mujer está buscando un embarazo o se encuentra inmersa en un tratamiento de reproducción asistida, surgen muchas preguntas sobre aquellos factores del entorno y del estilo de vida que podrían estar influyendo en su salud reproductiva.
Pero ¿qué sabemos realmente sobre los disruptores endocrinos y su relación con la fertilidad?
Los disruptores endocrinos son compuestos químicos que pueden alterar el funcionamiento normal del sistema hormonal. Pueden imitar la acción de determinadas hormonas, bloquear sus receptores, modificar su producción o incluso intervenir en la expresión génica. Su exposición se ha relacionado con diferentes alteraciones de salud, entre ellas problemas reproductivos, trastornos metabólicos, cambios en el desarrollo y alteraciones en el momento de aparición de la pubertad, tanto en hombres como en mujeres.
¿Por qué preocupan especialmente cuando hablamos de fertilidad?
Una de las dificultades es que no estamos hablando necesariamente de una exposición puntual o fácilmente identificable. Puede proceder de diferentes productos que utilizamos varias veces a lo largo del día.
Precisamente por eso, la investigación está empezando a prestar más atención no solo a la presencia de estos compuestos en el organismo, sino también a las posibles fuentes de exposición cotidiana.
Un estudio piloto realizado por investigadores de la Clínica Tambre en mujeres sometidas a tratamientos de reproducción asistida ha aportado un dato especialmente interesante: los disruptores endocrinos no solo se detectaron en la orina de las participantes, sino también en el líquido folicular, el fluido que rodea al ovocito mientras se desarrolla.
La investigación incluyó a mujeres en edad reproductiva sometidas a una punción ovárica. Se analizaron muestras de orina de todas las participantes y muestras de líquido folicular de prácticamente todas ellas. Paralelamente, un cuestionario dirigido por enfermería recogió información sobre productos de cuidado personal, higiene íntima y menstrual, limpieza y hábitos alimentarios.
Los resultados mostraron la presencia de al menos un disruptor endocrino en la orina de todas las participantes y también en las muestras de líquido folicular analizadas.
¿Por qué resulta relevante este último dato? Porque el líquido folicular constituye el entorno inmediato que rodea al ovocito durante una etapa fundamental de su desarrollo. Encontrar estos compuestos allí indica que determinadas sustancias a las que estamos expuestos pueden llegar hasta el microambiente ovárico.
Una exposición que puede pasar desapercibida
El estudio analizó diferentes familias de disruptores endocrinos. Entre ellas se encontraban bisfenoles, PFAS, dioxinas, parabenos, ftalatos, benzofenonas y biomarcadores relacionados con DEHP.
Además de estudiar las muestras biológicas, los investigadores revisaron los ingredientes de los productos de uso cotidiano declarados por las participantes. Más de 8 de cada 10 contenían al menos un ingrediente con potencial disruptor endocrino
Esto ayuda a comprender una cuestión importante: la exposición puede no proceder de un único producto. Puede ser el resultado de pequeños contactos repetidos a lo largo de nuestra rutina diaria.
Y existe además otro factor: muchas veces desconocemos que estas sustancias están presentes en lo que utilizamos. En la investigación se observó un bajo nivel de conocimiento previo sobre este tipo de compuestos y sobre los ingredientes de los productos cotidianos.
¿Significa esto que los disruptores endocrinos son responsables de los problemas de fertilidad?
No. Y esta distinción es fundamental.
Estamos ante un estudio piloto. Sus resultados permiten identificar exposición y generar nuevas preguntas de investigación, pero no permiten establecer una relación directa de causa y efecto entre la presencia de estos compuestos y un determinado problema de fertilidad.

Todavía son necesarios estudios con grupos más amplios que permitan conocer mejor su relevancia clínica y analizar su posible relación con parámetros como la calidad ovocitaria, el desarrollo embrionario o los resultados de los tratamientos.
La propia investigación señala estas limitaciones y plantea sus resultados como un punto de partida para seguir estudiando la interacción entre los factores ambientales y la salud reproductiva.
Información, no alarma
Hablar de disruptores endocrinos no debería convertirse en una nueva fuente de ansiedad para las mujeres que buscan un embarazo. Resulta prácticamente imposible controlar cada elemento de nuestro entorno y, además, la evidencia disponible todavía no permite atribuir un problema reproductivo concreto a un cosmético, un envase o un determinado hábito.
Lo que sí abre esta línea de investigación es una oportunidad para conocer mejor nuestra exposición e identificar aquellas fuentes que pueden ser modificables.
La información sobre los productos que utilizamos, el análisis de nuestros hábitos y el asesoramiento individualizado pueden convertirse en herramientas de prevención. De hecho, uno de los objetivos de este trabajo ha sido precisamente desarrollar una forma sistemática de identificar posibles fuentes de exposición y poder orientar mejor a las pacientes.
El estudio, desarrollado por Tambre Fertility Clinics, plantea así una cuestión que probablemente seguirá ganando peso dentro de la medicina reproductiva: junto al diagnóstico y al tratamiento, comprender mejor el entorno en el que vivimos puede aportar nuevas claves sobre nuestra salud reproductiva.
Porque no se trata de vivir pendientes de cada producto que tocamos, sino de conocer mejor aquello a lo que estamos expuestos y tomar decisiones informadas cuando exista margen para hacerlo.