Hay dolores que no se ven.
Dolores que no dejan cicatriz visible, que no reciben pésames en voz alta y que, sin embargo, lo atraviesan todo.
El duelo por la infertilidad, por el hijo que no llega, por el tiempo que pesa, por el silencio que incomoda es uno de esos duelos invisibles que muchas personas vivimos en soledad. A menudo se minimiza. A menudo se evita. A menudo se responde con frases hechas que no ayudan nada.
Hoy queremos compartir las palabras de una asociada. Un poema que pone voz a ese nido vacío, a ese llanto contenido, a esa casa que espera. Porque a veces, cuando el entorno no sabe o no quiere preguntar, escribir se convierte en una forma de respirar.
Gracias, Paula, por tu generosidad y por permitirnos compartir algo tan íntimo.
Ojalá quien lo lea se sienta un poco menos sola.
Manos que aprietan,
manos que ahogan,
manos que callan,
pero nunca unas que me abrazan.
Un llanto que empuja bajo mi garganta,
que me aprieta el pecho y sangra
pero no hay ruido que rompa el silencio,
solo vacío que calla.
El hueco de una habitación solitaria
donde nadie escucha, nadie avanza.
Nadie se da cuenta,
o sí, pero no tiene suficiente importancia.
Porque a veces es mejor no preguntar
cuando no quieren saber lo que guardas.
Es más fácil mirar para otro lado,
fingir que la pena no mata,
hacer que todo va bien
si no lo pones en palabras.
Pero aún así duele.
Duele y sangra
como una herida mal curada
que no encuentra la salida,
Escondiendo bajo la piel el veneno del alma.
Lágrimas calientes que se traga la almohada,
un vientre vacío que aguarda,
un juguete olvidado en la ventana.
Una casa vacía esperando a quién más amas.
Vuelvo a apretar la sábana
como si a alguien le importase mi llanto.
Pero no hay nadie,
porque nadie entiende el lamento por un niño sin cara.
De un nido vacío durante años,
del luto permanente mientras el tiempo pasa,
las vidas avanzan
y la tuya se estanca.
Hay tiempo,
esa es la frase que gana:
Hay tiempo para seguir sufriendo
hay tiempo para otra ilusión que me atrapa,
hay tiempo para otra espera aún más larga,
hay tiempo para volver a ahogarme en lágrimas
hasta dejar de respirar.
Porque el tiempo no alimenta
y la soledad sigue apretando:
Noche tras noche,
día tras día
en una casa que sigue vacía.
En un silencio demasiado oscuro,
en una almohada llena de lágrimas.
Si estas palabras resuenan contigo, queremos que sepas algo: no estás exagerando, no estás sola y tu dolor tiene nombre.
El duelo por la infertilidad existe. Y merece ser escuchado, acompañado y respetado.
Si necesitas compartir lo que llevas dentro, aquí estamos.
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