El Hombre en la Infertilidad. Por Carlos Postigo.

Vivir un proceso de infertilidad no es una de las cosas más agradables por las que un hombre quiera pasar. Es un camino lleno de emociones, sensaciones y experiencias que dejan su huella para el resto de la vida.

Una de las cosas que más acrecienta el dolor de este proceso es el ver sufrir a tu pareja y no poder hacer nada por ella. Se te remueven las entrañas, piensas en lo injusto de la vida y que nadie se merece eso… y menos la chica de la que estás enamorado.

Tú aguantas las lágrimas, respiras hondo y la animas con el silencio o con palabras cargadas de esperanza, pero en el fondo quizás sientes la misma frustración, soledad e impotencia que siente ella, y eso te duele más en el alma.

Durante todo este proceso los hombres pasamos por varias fases. En un principio piensas que esto no te puede pasar a ti, con toda la potencia, ilusión y amor con el que te pones a la faena. En definitiva, crees que es cuestión de intentarlo hasta que aciertas en la diana y a otra cosa mariposa.

Pero pasa el tiempo y cada vez te sientes peor. No solo te duele tu incapacidad de tener un niño, sino que se suma el dolor de tu pareja, y es ahí donde empezamos a rompernos. Sentimos la necesidad de estar bien para poder apoyar a nuestra pareja… y empezamos a cargar.

En esta nueva fase los hombres nos olvidamos de nosotros para centrarnos en nuestras parejas.  En definitiva, piensas que como el objetivo es que ella se quede embarazada y tú solo tienes que poner tu semillita, pues nada mejor que poner el foco en ella, sus necesidades y deseos.

Pero en este punto, aunque ya te hayas olvidado de ti y estés enfocado ella, no siempre te sientes correspondido. Es un momento crítico en el que el dolor de ella y tu sufrimiento pueden chocar y saltar chispas.

Tú quieres estar con ella pero hay veces que sientes que ella está en su mundo a la vez que te echa en cara que se siente sola y tú no estás con ella. En esta paradoja la impotencia, la rabia y la incomprensión se adueñan de ti llevándote a un pozo oscuro de donde no sabes cómo salir.

Te cabreas, respiras, te vas a dar una vuelta, te tomas una cerveza… parece que todo se haya ido al garete solo por luchar por lo que los dos más queremos, y empiezas a dudar de si era lo mejor para los dos…

¡Pero sí! Miras dentro de ti y descubres que a pesar de estos momentos de confusión, tienes claro que quieres a tu pareja y que quieres seguir luchando con ella por ese sueño que tanta vida dio en su día y que tanta dará en el futuro.

Esta situación te ayuda a conocerte y conocer mejor a tu pareja. Realmente es un proceso de crecimiento y aprendizaje personal y de pareja que en un futuro nos ayuda a los hombres a ser más hombres y mejores personas junto a nuestras parejas.

Carlos Postigo

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