Insistir, persistir, resistir y nunca desistir.

Se puede.

No te rindas nunca…

Son algunas de las frases que nos decimos para animarnos, para no caer en la desesperanza, para levantarnos una y otra vez después de cada golpe, de cada negativo, de cada cancelación…

Y funcionan, en muchos casos, o al menos al principio, de un modo u otro te dan la fuerza que necesitas en ese momento, o después de ese momento cuando tu alma empieza a cicatrizar tras cada herida, y seguimos luchando como las grandes guerreras que somos, por un sueño que tiene que llegar sí o sí, porque hemos elegido ese camino y no importa las veces que tropecemos en la misma piedra o en piedras similares, y si el camino se vuelve impracticable, rodeamos el pedrusco y lo subimos por el otro lado, lo importante es seguir, no importa los años de sufrimiento que llevemos a cuestas, no importa si ya no vemos nada más que ese camino tortuoso…

Es como una expedición al Everest, no? No importa cuanto se sufra si al final vas a llegar a la cima, no importa los contratiempos, no importa si el mal tiempo evita que se cancele la jornada, esperarás a que mejore el tiempo, pero seguirás luchando…

Pero al igual que en una expedición, hay momentos, hay casos, hay situaciones, que no te permiten seguir, que te hacen parar… para siempre.

Ah! Pero no puedes rendirte! Te has repetido eso cientos de veces, te lo repiten tus compañeras de lucha, te lo recuerdan las frases maravillosas que lees en internet, en tu agenda o en tu pizarra.

¡Redirse está prohibido!

Porque asociamos rendirse con el fracaso. Pero déjame que te diga que no has fracasado, que no estás fracasando, que pase lo que pase, has superado cientos de logros en esta lucha, y has crecido como persona, te has fortalecido a base de palos, has cambiado, sí, te has hecho más fuerte.

Fracasar sería poner en riesgo tu salud por no ser capaz de parar a tiempo.

Sería poner en juego tu relación de pareja si ambos no sois capaces de decidir juntos que ha llegado el momento de cambiar de camino.

Sería hundirte en un pozo sin fondo por no ser capaz de afrontar la realidad.

Sería estancarte y no saber avanzar en la vida.

Lucha. Lucha como nadie por tus sueños, levántate cada vez que te caigas, pelea con todo tu corazón por aquello que quieres.

Pero acuérdate siempre que a veces hay que saber parar a tiempo, y que eso no significa que te estés rindiendo. Y que nadie te va a decir que eres menos luchadora por ello, nadie te puede decir que eres menos valiente, nadie jamás tiene el poder de decirte que no lo has querido suficiente, porque es infinitamente más difícil decidir que tu camino se acaba, es infinitamente más valiente, e increíblemente difícil.

No permitas que nadie te diga que no puedes rendirte, al igual que no permitimos que nos digan que nos relajemos, al igual que nos molesta que nos pregunten “para cuando”, ya está bien de dejarnos gobernar por la sociedad.

Eres tú, y tu pareja en caso de que la tengas, la que decide si vas a seguir ese camino o si paras, luchando en ambos casos… porque rendirte no es perder.

Porque si decides parar te queda un largo recorrido de lucha, de trabajo personal, emocional.

Decidir parar es lo más difícil que vas a hacer en este camino, te va a romper el corazón sentir que renuncias a tus sueños o que debes cambiar el rumbo de tu vida, que no será lo que siempre imaginaste… Es el principio del fin, el punto más alto de la montaña rusa en la que nos deslizamos… aterroriza, sí, pero recuerda que eres una luchadora, y que no estás sola, tomes la decisión que tomes.

Pero sobre todo, si decides parar, decide ser feliz con tu decisión y lucha por ello.

Lys.