Asociación Red Nacional de Infértiles

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11 años vacía

11 años vacía, muchas cicatrices y sonrisas fingidas…

Desde bien pequeña mi sueño siempre había sido ser madre de una familia numerosa, lo tenía claro. Vengo de una familia de seis hermanos, donde yo soy la única niña, la mayor, la que iba cuidando de cada uno de ellos, y a pesar de que quizás la mayoría desearía vivir en una casa tranquila, llevaba tantos años con risas, disputas, guerras y juegos, que tenía claro que yo quería seguir viviendo así, llenando la casa de momentos.  No hacía falta tener tantos hijos, pero 3 ó 4 sí que me lo planteaba, y esperaba tener la suerte de enamorarme de alguien que también quisiera ser parte de esa familia numerosa.

Estudié mucho para poder tener un trabajo estable con un sueldo “digno”, conocí a una persona maravillosa que compartía mi mismo sueño, y cuando nos casamos nos pusimos a ello. Yo era jovencita, ahora ya no lo soy tanto.

Fueron pasando los meses hasta que vimos con preocupación que aquello no iba bien, pero bueno, éramos jóvenes, así es que no había porqué ponerse nerviosos.

A los dos años de búsqueda fuimos a nuestra primera clínica de fertilidad para hacernos pruebas. Parecía que todo estaba bien; yo tenía la reserva ovárica bajita, mis ciclos eran cortos, pero vaya, nada preocupante y era joven.

Pasados unos meses de aquella primera visita a la clínica, nos hicimos un primer tratamiento de reproducción asistida, estábamos tan emocionados. Pero no pudo ser.

Luego nos hicimos otro. Tampoco.

Cambiamos de clínica varias veces, seguimos consejos de parejas que les había ido bien, este o aquel especialista, ésta o aquella clínica. Pero, ya se sabe, las opiniones suelen depender del final de cada uno, así es que nada nos servía.

Fueron pasando los años, muchos tratamientos, pruebas,  demasiadas hormonas y cicatrices, muchas risas fingidas y ningún positivo.

Suelo ser una persona muy alegre, pero el tiempo hacía mella en mí, y no podía evitar que se me llenaran los ojos de lágrimas a la mínima. Estaba en un punto tan oscuro que a pesar de aparentar ser brilli brilli, era oscuridad. Ante los problemas de los demás, solo podía pensar:

“ Sí, pero tú ya eres madre/padre”. Esos sentimientos también me hacían sentirme un monstruo, pero no los podía evitar.

Suerte que mi marido estuvo a mi lado en todos esos momentos, buscando excusas para no acudir a los cumpleaños, a las escapadas…

Solo me apetecía estar en casa, cocinando, tocando el piano, escribiendo, pintando. Alejarme de la realidad tan dura que vivía y que había provocado un stand by en mi vida que me estaba consumiendo.

11 años después llegamos a 2019, donde tomamos una decisión: nos haríamos un último tratamiento.

Se me estaba yendo la vida y tenía que volver a coger las riendas.  La vida es demasiado corta y bonita para dejarla en pause.

Acudimos a la clínica donde mejor nos habían hecho sentir, y fuimos con todo. A por todas.

No quería acercarme al mes de Diciembre, me daba pánico un negativo en plenas navidades, pero el tratamiento requería de varias esperas así es que nos plantamos en Noviembre, esperanzados y a la vez negativos.

Esta vez obtuvimos 4 blastocistos sanitos, ¡jamás antes había sucedido!

Hicimos la transferencia de dos embris, me sentía (y siento) tan feliz al pensar que quedan dos congelados… tengo otra opción antes de cerrar la puerta definitivamente.

A los pocos días de la transferencia comencé a sentirme mal, no sé que me pasaba, era algo que nunca antes había sentido, pero sentí que una vez mas no iba bien.

Me hice un pipitest, total, los compré a granel por internet y…uy, uy creo que veo algo rosita, pero…no puede ser, ¿a ver?, ay a ver, me lo repito, por si es un error. Emocionada, nerviosa y asustada, vuelvo a intentarlo, otra vez vuelve a salir la rayita rosa…sííííííííííí…ay, ¿mi primera rayita rosa?????, ¿será verdad??? Me pellizco. Llamo a Javi. Sé que está en una reunión, me da igual, que salga, es urgenteeeee!!!!!!

No podía para de llorar y de reír, quería chillar, pero si os digo la verdad, estaba completamente acojonada.

No sabéis lo largo que se me hizo el día hasta que Javi llegó a casa. Y cuando lo vi, me derrumbé. 11 años vacía y…

¡Por fin, por fin, nuestro primer positivo!

Hoy os escribo porque el otro día fuimos a la primera ecografía, y ¿sabéis? No hay un latido, hay dos latidossssssssss. Dos estrellitas latiendo dentro de mí, algo que ya creía imposible para nosotros, algo que jamás antes había vivido.

Estamos asustadísimos, pero es la primera vez en 11 años que lo que se me escapa a la mínima no son lágrimas, son sonrisas.

¡¡Deseadme suerte!!!

Por fin vuelo…💗

Ruth.

PD: Gracias a la asociación Red nacional de infértiles por acompañarme durante tantos años, sigo necesitando vuestra energía, esa química tan especial.

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