No solo a mí, sé que muchas personas que sufren este mismo problema día a día, estarán de acuerdo conmigo: el camino de la infertilidad es un duro y complicado, donde nada es fácil.

Cada persona lo vive como mejor puede, pero sé que a todos nosotros, de alguna manera, nos une algo muy común, algo que solo los que estamos implicados comprendemos, sentir el mismo dolor y sufrimiento de LA LARGA ESPERA. Yo no he decidido cómo vivir mi camino, él me guió y me enseñó como vivirlo.

Mi más sincero respeto para todas las personas que sufren este problema y se someten a un sin fin de tratamientos durísimos, con este escrito quiero enseñarle al mundo la importancia que tiene la infertilidad en muchos hogares.

Comprendamos más, seamos más humanos y generosos, apoyemos este gran problema que afecta a tanta gente, quebrando y paralizando sus vidas. Mi mayor homenaje a todas esas mujeres que sacrifican su vida, sus trabajos, su cuerpo, su mente, que sufren los efectos de mil medicaciones, que visitan muchos quirófanos y que a pesar de todo, continúan siendo unas soñadoras que luchan por completar una familia.

Aquí empieza mi andadura particular, el camino más doloroso que he vivido, pero el que más me ha enseñado. Empezaré por explicar que, por supuesto, todo sueño hay que observarlo sin perderlo de vista y hay que perseguirlo, pero este sueño, no es un sueño cualquiera, en este está muy presente el corazón, que se rompe muchas veces y lo tienes que volver a recomponer. También está en juego tu cuerpo y el miedo siempre está presente.

FRACASO es tu nombre y CARGA EMOCIONAL tu apellido. Y todo va sumando en el camino hacia tu sueño.

La primera vez que te familiarizas y te enfrentas a unos resultados que determinan una depredadora mala noticia, te marca y literalmente se te cae el mundo encima, pero te repones, buscas soluciones y te pones manos a la obra, pero no imaginas por todo lo que vas a tener que pasar. Mi camino lo comencé llena de fuerza, con muchísima ilusión por buscarte y energía positiva que me sobraba.

Mi compañero en esta andadura y yo íbamos muy bien equipados; no escatimamos, teníamos las mejores herramientas para enfrentarnos a esta nueva aventura que nosotros solitos habíamos decidido atravesar; nadie, ni nosotros mismos, nos informamos de las dificultades que podía llegar a tener este camino. El catálogo de nuestro proyecto era precioso, o nosotros así lo veíamos; un sendero muy iluminado donde brillaba el sol a menudo, con mucho verde por medio, flores de mil colores por todas partes, mariposas que revoloteaban y nos guiaban el camino hacia nuestro sueño. Aparentemente todo parecía que iba a salir bien, sí o sí, y ¿por qué no?

Así comenzamos nuestra nueva aventura, con un sol radiante, temperatura perfecta, llenos de amor, muchas ganas y con mochilas llenas de fortaleza (que falta nos iban hacer), como un buen equipo que somos, juntos gritamos algo que nos acompañaría por mucho tiempo… ¡A POR LA CIMA!

Mi equipo sin duda era el mejor, caminé y camino con la mejor compañía, la mejor persona, el que me enseñó y me enseña lo que es AMAR sin condiciones, el que me da fuerza, el que me da todo, tengo el mejor, mi tesoro… Pero el camino es muy traicionero y pone a prueba a todo el que quiere cruzarlo. Mientras era de día y brillaba el sol, todo era fácil, no había peligro… pero pronto empezaría a ser más duro y hacerse oscuro y solitario, a veces te cruzabas con muchos caminantes y otras veces el camino era bastante solitario, y nos encontrábamos solos ante el peligro.

Al principio todo lo afrontábamos con calma, serenidad y siempre sonreíamos; hasta que el camino empezó a complicarse y hacerse más largo de lo esperado y aunque te resistes a rendirte, continuas sonriendo, eso sí, cada vez te cuesta más, pero piensas, y dices en alto -“esto no va a poder con nosotros”-, pero empieza a afectar y tu esencia comienza a mezclarse con una tristeza incontrolable, invadiendo tus días, y te preguntas ¿Quién me habrá mandado a mí meterme en este camino?; quieres tirar la toalla, pero algo dentro de ti, te dice ¡Continua!. Empiezas perdiendo algunas de nuestras valiosas herramientas, sin poder recuperarlas, te vas quedando agotado, débil, con lo mínimo para sobrevivir, y a pesar de todo seguíamos pensando en el mismo objetivo, sin perderlo de vista, cueste lo que cueste, lo importante es LA CIMA.

Durante todas esas dificultades pasas por etapas muy variadas… de obsesión, amargura, rabia, irritabilidad, impotencia, tristeza, frustración, debilidad y muchas más que hacen que toda esa tensión acumulada, hagan que se abriera muy fácilmente la puerta de la VULNERABILIDAD. Sin querer le facilité la entrada, y casi sin llamar se presentó por demasiado tiempo la temida ANSIEDAD, se adueñó de mí, y aun así, no le di la importancia que merecía, eso le dio mucha más fortaleza, terminó alimentándose de mí por mucho tiempo, haciéndome pasar por situaciones lamentables, yo asustada no sabía ni tenia herramientas para enfrentarme a ella. Todo empezaba a complicarse cada vez más, estábamos en mitad de la tormenta, sin poder salir, jugándonos todo, el miedo y el cansancio nos visitaban a menudo, poniéndonos entre las cuerdas, probándonos y continuamente fracasando, cada vez con menos fuerza, y casi sin darme cuenta le di paso a lo que me hizo aún más miserable y no me dejaría continuar mi camino: LA DEPRESION. No comprendida por muchos caminantes que nunca la habían sufrido, perdidos sin saber por dónde salir más rápido, quieres que todo acabe, que todo sea un sueño, pero es la realidad de tu vida en este momento, y tienes que buscar una salida como sea.

Cuando crees encontrar la salida, de nuevo te ves fracasado, lloramos mucho, lloramos como niños asustados, pero sin soltarnos de la mano, y nos preguntábamos “¿Por qué a nosotros?, ¿Que hemos hecho para recibir esto tan doloroso?” Nos debilitamos por completo, caminábamos sin fuerza, todo salía mal, todo nos afectaba cada vez más, pero continuábamos y de vez en cuando hablábamos de la ‘Fe de lo Invisible’, que todo lo puede, cree en lo increíble y recibe lo imposible, pero era cada vez más difícil, íbamos a oscuras y en una ocasión hasta me perdí de mi compañero y ahí vino lo peor, -“la vida no es justa”-, me decía a mí misma, -“no puedo más, ya no tengo ilusión por la cima ni por nada, no encuentro mi norte, estoy perdida”- y estuve por mucho tiempo estando en el bosque pero sin estar, solo el camino fue testigo, me acompañó, llegué al extremo y él me dijo –“tienes que parar, volver a quererte, sentir, escucharte, aceptar, comprender, reponerte, mimarte, esperar y sobre todo desarrollar la paciencia, para poder continuar”-. Quise que saliese el sol porque así lo deseaba, volví a encontrar otro camino paralelo, que también conducía a la misma CIMA, pero esta vez lo iba a vivir de otra manera muy diferente; el camino me había enseñado que todo lo que brillaba al principio, podía seguir brillando igual si yo quería seguir viéndolo así, el camino está claro que te desgasta, te debilita tu mente, en algunos casos modifica tu cuerpo, te deja sin rumbo, hundida, agotada, hasta sin aire y llena de miedos.

Y te preguntas -“¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Quién soy?”-. Empiezas a reaccionar y a trabajar para recomponer todo lo que se ha destruido; eso lleva mucho tiempo y trabajo, y esa luz que el camino me enseñó a mirar desde otra perspectiva, a mirar de frente lo mejor que tengo, a darle valor a lo importante, a saber identificar a los que visten corazones inmensos y brazos abiertos merecedores de la palabra PERSONA, que te acompañan en este duro camino, a volver a confiar, a construir mi corazón, a tener presente la positividad y serenidad, a meditar, a quererme más y mejor, a tener presente y aceptar que el camino rompe ilusiones, pero que debes de seguir luchando, amando y apostando SIEMPRE por lo que uno quiere y le hace FELIZ. -“YO QUIERO, YO PUEDO, siempre en tu vocabulario”-, me dijo el camino, -“ nunca lo olvides”-.

Salí de la tormenta y me liberé de todo lo que no era saludable para mí, algunos lo pueden llamar egoísmo, yo lo llamé AMOR PROPIO. 

Volví a sentirme, volví a encontrarme y de nuevo di las gracias al camino de la infertilidad quenparalizó mi vida, para enseñarme ¡QUIÉN SOY!

Ahora continuamos en otro camino, buscando la misma CIMA, pero desde la tranquilidad y la paz, sin importarme si me moja la lluvia, me afecta el frío o me acaricia el sol, en el camino los fracasos bien aprendidos son la mejor motivación para continuar.

Porque ahora ya se ¡QUIEN SOY!

NO TENGAS MIEDO, DECIDE TU PROPIO CAMINO.

YO TAMBIEN SOY GUERRERA

Beatriz Tomas Rodrigo.