“8 Ciclos de estimulación ovárica, 2 FIV/ICSI y 3 ciclos de Ovodonación…”

Hoy, Estefanía nos ha escrito con un propósito, compartir su historia de lucha, de lágrimas y de sentimientos encontrados para poder ayudar a todas aquellas personas que puedan sentirse identificadas con su historia.

Como ella, cada día muchas parejas pasan por tratamientos duros y agotadores, gastan lo que tienen y lo que no; su vida se centra en su un objetivo: ser padres.

Aquí va su historia:

7 Transferencias embrionarias y en medio un embarazo natural

3 Embarazos bioquímicos + 1 aborto en Semana 9

23 Medicamentos diferentes y + de 300 inyecciones

3 Intervenciones quirúrgicas + 1 legrado

26 Días de vacaciones en total de reposo médico

17 Tubos de sangre en analíticas de un mes, un sin fin de visitas médicas, pruebas diagnósticas, laboratorios etc

Una cantidad indecente de dinero invertido y 4 años más tarde…

2 preciosos mellizos en casa!

 Son las cifras de un sueño logrado. Soy consciente de la inmensa suerte que he tenido. Me siento muy afortunada porque hay muchas guerreras con una lucha mucho más larga y algunas personas no lo han conseguido. De hecho todo el mundo que sabe lo que nos ha costado tener hijos, nos dice que hemos tenido mucha suerte, pero digo yo, a aquellas que anuncian que van a ir a por el bebé y a los 2 meses aparecen con 2 rayas en el predictor… ¿Nadie les dice “Qué suerte!”?. 

Yo siempre quise tener hijos, es algo que ni siquiera me había planteado porque di por hecho que los tendría. De joven más bien me planteaba cuantos quería tener, ¡inocente de mí!, pensaba que lo podía elegir… Aún así, al principio de la búsqueda, cuando nos planteamos ir a por el bebé, yo era de las que pensaba “si los hijos vienen, muy bien, y sino no, pasa nada, no se acaba el mundo, ahora soy feliz”… Hasta que fui consciente de que verdad no van a venir, y entonces sí que pasa y en ese momento sí que se acaba el mundo. 

Desde luego si esta experiencia me ha servido para algo, ha sido para aprender.

He tenido la oportunidad de vivir en mis propias carnes las emociones que acompañan a cada etapa, he sentido la ansiedad de la espera, la incertidumbre de los resultados, la decepción de los negativos, la ilusión y la felicidad de los positivos, he pasado de la incredulidad a la rabia, de la tristeza a la desesperación y de la frustración a la alegría más inmensa.

Entre los momentos más amargos recuerdo el día que me llamaron para cancelar la transferencia porque el último embrión que nos quedaba congelado, después de pasar por 2 ciclos de 2 FIV y 2 ciclos de ovodonación, se había parado, justo cuando habíamos dado con la “clave del éxito”, (me habían descubierto una mutación genética homocigótica en el factor XII y me estaban tratando con heparina) y después de acordar con mi pareja que sería el último intento (por suerte no lo fue); o cuando perdí mi bebe en la semana 9 de embarazo, me hicieron un legrado y me dormí en el quirófano con los ojos llenos de lágrimas, o ese mes de Mayo, que pase el Día de la Madre sabiendo que me estaba bajando la beta de mi tercer embarazo bioquímico. También recuerdo con angustia la fuerte hemorragia que tuve en la semana 13 de mi embarazo gemelar, que pensé se llevaría de nuevo todos mis sueños, pero no, mis pequeños guerreros siguieron conmigo.

También tuve grandes momentos, como la ilusión de sentirme embarazada después de cada transferencia, la oportunidad de conocer gente fantástica que me acompañara toda la vida, y formar equipo con mi pareja en este proyecto común.

Pero sin duda, este proceso, aparte de los conocimientos adquiridos, lo que más me aportó, es el autoconocimiento, el verme en una experiencia tan intensa como esta hizo que sacara una fuerza interior que no sabía que tenía. Ahora me siento más preparada para afrontar nuevos retos en mi vida, y he conseguido relativizar la importancia de cosas que antes me tomaba más a la tremenda.

De hecho, esta experiencia me ha marcado tanto, que he decidido darle un giro radical a mi carrera, y dedicarme profesionalmente a ayudar a otras personas a conseguir su sueño de ser padres. He podido conocer a mucha gente pasando por procesos sumamente duros, por eso, mi gran deseo es apoyar, aportando mi formación y mi experiencia.

Me gustaría transmitir serenidad y empatía a quienes deseen ser escuchados con compresión, animar durante el proceso, celebrar los positivos o acompañar en la difícil decisión de poner punto final.” 

Estefanía Pereira