Esta es la historia de P, que nos cuenta cómo se está enfrentando a la infertilidad por su útero didelfo. Gracias P. por compartir. Te abrazamos muy fuerte.

Hola guerreras!

Os sigo desde hace un tiempo y me he decidido a contaros mi historia.

Mi marido y yo casi desde el principio de nuestra relación habíamos hablado de tener niños. Después de dos años juntos decidimos que era el momento, que estábamos preparados (aunque daba mucho miedo). Empezamos con la búsqueda sabiendo que no era cosa rápida, que lo “normal” es tardar un tiempo en quedarse embarazada. Pero teníamos esa ilusión de pensar que sí, cada mes pensábamos que ese era el nuestro y jugábamos con las fechas para ver en qué mes nacería.

No teníamos ni una ligera idea de lo que venía.
Durante ese año de búsqueda se mezclaban la ilusión por el posible embarazo y la decepción de ver que cada mes volvía la gran odiada menstruación.

Al año justo de empezar a buscar decidimos ir al médico para ver si pasaba algo. Y efectivamente así era. Nos mandó las pruebas típicas de fertilidad (incluido el seminograma) y me hizo una ecografía dónde vio mi malformación uterina, de la que nunca había oído hablar.

Diagnóstico: útero didelfo.
Mis conductos de Müller nunca llegaron a fusionarse para formar el útero y tengo dos hemiúteros y dos cuellos separados completamente por un tabique.

Salimos de la consulta bastante raros, no era lo que esperábamos y no sabíamos cómo reaccionar.
El ginecólogo me dijo que me olvidase de buscar nada del tema por internet ya que solo haría que marearme. Que después de las pruebas volveríamos a hablar y veríamos la solución para llegar al embarazo.
Tardé unos 3 días en indagar sobre mi malformación por la red, todo un récord ¿verdad?

Y ahí empezó mi bajón y mis lágrimas.

¿Por qué a mí? ¿Cómo no lo habían visto antes en ninguna revisión? ¿Por qué no fui antes al ginecólogo?

Hasta entonces nadie de nuestro entorno había sabido nada de nuestra búsqueda y con este diagnóstico y con la cantidad de posibles futuras visitas al médico decidimos contárselo a nuestros padres.

Volvimos con los resultados de nuestras pruebas. Confirmamos mi diagnóstico y un seminograma no bueno del todo.
La conclusión fue que nuestras opciones de embarazo natural eran muy pocas. Igual si un mes se alineaban las estrellas y el universo así lo quería podríamos tener alguna posibilidad, pero que no era probable.

La solución, Fecundación In Vitro (FIV).
Nos explicó cómo sería en mi caso; al tener dos cavidades el espacio que tendría el feto sería más pequeño y la transferencia debía ser de un solo embrión.
Por espacio, cabía también una probabilidad alta de parto prematuro y cesárea obligada al tener dos cuellos.

¡¡¡Me tocó el pleno!!!

Me puse a investigar sobre la reproducción asistida y concretamente sobre FIV. En aquellos días se me abrió un mundo enooooooorme que jamás me hubiera imaginado. Leí muchísimos casos, muchos dolorosos y otros muy esperanzadores.

Pasaba el tiempo y  ya se habían quedado embarazadas tres amigas y mi prima. Y aunque era una alegría enorme, la herida se hacía cada vez más grande.

Comenzamos a hablarlo con amigos; contarlo me ayudaba mucho más de lo que pensaba. Pero aunque con toda la buena fe del mundo, había veces en las que no me sentía nada comprendida. La manera de decir ciertas cosas, consejos, o restarle importancia no ayudaba. ¿Qué os voy a contar, no?

Pedimos cita en la seguridad social y nos visitaron meses después. Presentamos todas las pruebas y además un nuevo seminograma que salió normal. Viendo todo nos metieron en la lista de espera para fecundación in vitro, 18 meses aproximadamente.

Allí nos volvieron a pedir otro seminograma que esa vez salió fatal. Ante la sorpresa, de la doctora y nuestra, nos pidieron repetirlo un mes después y volvió a salir mal.
Por ese motivo, nos derivaron al servicio de Urología. Las pruebas hormonales y genéticas de mi marido salieron bien y le mandaron antioxidantes, que valen una pasta, y un nuevo seminograma en tres meses.

Nos explicaron que ante la posibilidad de que el esperma fuese cada vez de peor calidad iban a intentar congelar la muestra para nuestro futuro tratamiento.

Ya os he contado que hablar y compartir con mis amigas me sentía un poco incomprendidam, pero al ver tantísimo por lo que han pasado otras chicas, tantos casos de abortos de repetición, tantos tratamientos fallidos, sentía que no tenía nada por lo que quejarme. Que yo no había pasado por nada todavía y me sentía egoísta por llegar a sentirme mal.

Pasé de un estado de negatividad a positividad en el que de vez en cuando todo vuelve a florecer y los sentimientos se cruzan.
Aunque ahora creo que soy bastante más realista con el tema, he aceptado lo que pasa y lucharé con lo que venga.

Hace tres meses que volvimos a repetir el seminograma y nos dijeron que habían podido congelar y que tenemos 3 criotubos esperándonos para nuestra FIV, prevista para febrero del año que viene.

En ese momento nos sentimos como si hubiéramos ganado algo y así era.
Una batalla ganada, pero quedan muchas más.

P.

Podéis leer otras historias de guerreras como vosotras en este enlace: https://redinfertiles.com/category/experiencias-personales/

By |2018-09-27T11:45:25+00:00octubre 2nd, 2018|Experiencias personales|0 Comments

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