Hiperestimulación ovárica.

Pincha aquí para leer el principio de mi historia.

… Me encontraba en una habitación doble, con una cama vacía, con terror por si se ocupaba, con un dolor que no me dejaba respirar y asustada. Muy asustada.

Bajé el estor que separa las dos camas.

Cuando llegó la enfermera hizo intención de subirlo y le dije que no. No podía. No quería verle la cara a la futura paciente.

Nunca podré agradecer lo suficiente el cariño de la enfermera en ese momento. Me dijo que no me preocupara, que bloquearían la habitación para que nadie más la ocupara. GRACIAS. En realidad gracias a todo el equipo (médicos, enfermeras, auxiliares y personal de limpieza. GRACIAS por cuidarme y darme vuestro cariño)

Me pusieron una segunda vía. Sí, en un brazo la vía con el suero y en el otro brazo la vía con la albúmina.

Hago un inciso para explicar que la albúmina se utiliza para reponer el volumen sanguíneo con urgencia y puede ayudar a prevenir el síndrome de hiperestimulación ovárica.

Los primeros días fueron terroríficos. Los días junto con sus noches. Un dolor que no me permitía moverme. No podía levantarme de la cama, no podía ir al baño porque era agotador llegar hasta él. Había momentos que incluso levantar el culete para que Dani o mi madre me pusieran la cuña era un infierno.

El abdomen no hacía nada más que crecer y crecer. El peso igual. LLegó a desaparecerme el ombligo de lo gorda que tenía la tripa.

(Cuando tienes hiperestimulación ovárica es importante que te midan cada día el abdomen y controlen el peso. También es importante hacer un balance hídrico: control de los líquidos que entran y los que salen)

Primeros días en el hospital. La tripa iba creciendo por momentos.

Todavía le quedaba mucho por crecer a la tripota😁

Además, la primera mañana de ingreso, cuando pasó la ginecóloga me retiraron la progesterona. ¿Podéis imaginar mi miedo? Después del tratamiento de reproducción asistida debes ponerte progesterona. Eso ayuda al endometrio a estar “gordito y mullido” y que sea una camita preciosa para el embrión y ¡a mí me lo quitaban! Fueron momentos muy tensos. Y una vez más, de pánico por mi parte.

Cuatro días después de ingresar el médico me dijo que tenían que hacerme una paracentesis.

Me explicó que consistía en hacerme una punción en el abdomen para extraer líquido y así aliviarme y mantenerme controlada.

Me negué. Puede parecer una locura. Lo sé. Estaba fatal. Me dolía todo. Pero estaba en estado de pánico. ¿Y si pinchaban dónde no debían? ¿Y si se equivocaban? ¿Y si le afectaba a nuestro pequeño? No podía arriesgarme. Ya había aceptado el paracetamol, la retirada de la progesterona…No me iban a pinchar.

Al rato vino el ginecólogo de nuevo acompañado por el cirujano para volver a explicarme en qué consistía la paracentesis e intentar convencerme. Mi respuesta siguió siendo NO.

Al día siguiente, después de pasar otra noche de infierno no aguanté más. Llamé al ginecólogo y accedí.

Me sentí tan mal, tan culpable, con tanto miedo…pero no podía más.

El cirujano me hizo una ecografía para controlar y saber el sitio exacto por el que hacer la incisión y me pusieron un redón para drenaje (tubito por el que iba pasando el líquido hasta unos botes que Dani controlaba para ir cambiando cuando se llenaban).

Aproximadamente sacaron 2 litros de líquido y yo sentí alivio automático. Comencé a respirar mejor, a tener menos dolor, a sentirme más ligera.

SHO Síndrome hiperestimulación ovárica

Mis chicas nunca dejaron de acompañarme…GRACIAS por vuestra fuerza y energía.

Esa noche dormí muy bien. Cinco horas seguidas después de cuatro días sin dormir…todo un lujo.

Podía ir al baño, ducharme con un poco de ayuda. Moverme al fin y al cabo.

Pero duró poco. Aproximadamente dos días después, tras la analítica de cada mañana la ginecóloga me dijo que los resultados no eran buenos.

Los riñones no me funcionaban si no era con la ayuda de los diuréticos.

Helena.

Pincha aquí para leer el final de mi historia.

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