​​ Llegó el día en que me empecé a sentir marciana y empecé a hablar un idioma que no todo el mundo conoce. Empecé a hablar de folis, ovocitos, ICSI, FIV, betas, huevo huero, entre otras muchas cosas, y comencé a descubrir otras en las que nunca antes había pensado.

Quizá fuera ingenua, pero pensaba que las mujeres se quedaban embarazadas y tenían hijos; pero a veces, ese camino tan aparentemente simple y natural no lo es tanto y puede hacer que ese camino se oscurezca un poco o incluso que vayas por un túnel…

El camino por el que llegamos a ese mundo “marciano” es diferente para cada una/o, pero de alguna manera los que llegamos allí quedamos unidos de algún modo, nos entendemos, nos apoyamos y nos acompañamos. Muchas veces sentimos que el entorno que nos rodea no nos entiende o deja de hacernos preguntas porque no saben bien cómo tratarnos. Y yo siempre me he preguntado ¿son ellos lo que no saben tratarme o soy yo la que no me identifico y me estoy alejando?

Con el tiempo, yo aprendí que me había metido en un túnel, y mi camino era el túnel. El mundo seguía vibrando a su ritmo en la superficie, mis amigos seguían sus vidas, sus familias crecían y yo cada vez me refugiaba más en mi túnel y eso parecía paliar el que yo no avanzaba porque de alguna manera el túnel congelaba el tiempo en mi estado del momento y perdía la noción de los días y las noches, de las semanas, los meses e incluso los años. Si no miraba fuera, mi realidad quedaba centrada en mi situación.

De alguna manera cuando mi lenguaje cambió, y mi tiempo y horarios quedaron supeditados a la medicación, visitas médicas, etc., para los cuales hacía malabarismos para encajarlos con un trabajo a tiempo completo; el resto de mi vida se congeló, dado que sólo existía eso, aunque en mi superficie siguiera haciendo otras cosas.
Sin querer, muchas veces centramos el foco sólo en lo que estamos viviendo o en lo que queremos conseguir y para poner nuestro mayor empeño en ello, dejamos consciente o inconscientemente otras áreas de nuestra vida aparcadas. ¿Es eso lo que realmente queremos?

En mi caso, no era lo que buscaba pero fue dónde me encontré y cuando comencé a mirar a mi alrededor no veía las opciones tan claras como antes. Gracias a mi marido, optimista de naturaleza, que me recomendó libros que hablaban del positivismo y como los sentimientos positivos te hacen sentir mejor; me topé con el coaching, otras de sus grandes pasiones, y abrí la perspectiva.

Lo que me ayudó y aprendí fue que yo no era sólo la meta que quería conseguir, sino una persona completa y que mi felicidad y bienestar sólo dependían de mí, no del médico, no del tratamiento, no de los demás. En ese momento retomé las riendas de mi vida y luché desde otro lugar, salí de ese túnel oscuro y comencé a pasear por el sol. Es cierto que a veces hacía mucho calor o mucho frío, pero siempre tenía la opción de resguardarme cuando me hacia falta.

Todo esto me hizo sentir más fuerte y relativizar un poco más, trataba de “normalizar” mi situación y tratar de pensar en otras cosas, lo cual no siempre era fácil, pero me servía para descansar y coger fuerzas.
Comencé a disfrutar de las pequeñas cosas, que siempre habían estado ahí, pero que en algún momento había dejado de ver; y esas pequeñas cosas fueron las que me animaban y me hacían sonreír… y mi estado anímico cambió. No sólo dependía de las noticias del médico, mi estado de ánimo dependía de mí. Así que desde ese “mi” fue desde donde comencé afrontar todo hasta hoy.

Si nos alineamos, brillaremos y andaremos el camino de otra manera, con una nueva fortaleza y gestionando nuestro propio Bienestar.
Abramos perspectiva, recojamos lo bueno que tenemos a nuestro alcance y hagamos de ello algo más grande para afrontar la lucha desde donde nosotras queramos y no dejarnos llevar o que nos arrastre.

Ainoa Azpillaga
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